Trocitos de cielo

1 de abril de 2015

La felicidad se vive.




Hablemos de ti, hablemos de nosotros. Desde el primer día, la primera toma de contacto contigo, desde la primera risa, desde ese momento, soy tuya. Ya no se que coño hago aquí, tumbada en la cama a las 3 de la mañana en un piso del centro de Barcelona pensando, en la primera vez que te vi. Quién me diría a mi, que meses después fueras el motivo de la sonrisa que se dibuja en mi cara, y joder, que me trae loca recordar el primer beso entre los dos, el primer beso que dio paso a mil más. Tan especial, tan fino y suave, tan efímero que el tiempo se lo llevaría si quisiera, pero yo no lo permito. Y ahora miro, a un lado de la cama, ahí donde se tiene un marco con una foto nuestra. No hay que ser adivino para saber que nuestras sonrisas son de pura felicidad, aun recuerdo aquel día de tu mano, aquel café que nos tomamos y como te deslizaste a quitarme la espuma de la comisura de los labios. No hay día en el que no hagamos algo distinto, es algo que me hipnotiza de ti, la capacidad de hacer múltiples cosas y no cansarme nunca. Y realmente, tengo miedo de que esto se acabe, porque creo haber encontrado todo lo que necesito, creo complementarte de la manera que yo te complemento a ti. Pero el miedo, acaba desapareciendo cada vez que tu sonrisa aparece por la esquina y se clava en mi, cada vez que me miras y despiertas un huracán dentro de mi. Cada vez que me haces tuya, y quisiera que lo hicieses toda la vida porque me encanta la manera en que lo haces.
Y en el fondo, tampoco quiero correr, pero si quiero disfrutar de cada paso que demos. Porque mataría por verte en mi cama todas las mañanas del resto de mi vida, y por darte noches de eterna pasión. Porque todas mi apuestas van a una partida de vida o muerte. Y así, aquí sigo, pensando en lo precioso de Barcelona por las noches, matándome a pensarte porque...es mi manera de revivir en vida todos los momentos a tu lado.


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