Trocitos de cielo

4 de septiembre de 2016

Una vida, quizá la mía.

Una vida, 2 pérdidas, 3 amores rotos y más de 4 enganchadas. Sigo siendo yo, la misma que daba 5 pasos hacia delante para retroceder 6. Cerré el corazón para abrir los puños y enfrentarme a lo puta que es la vida. He sido engañada demasiado tiempo, me quité las múltiples vendas de los ojos, quizá fue demasiado tarde. Empecé temprano con el insomnio en noches de nostalgia, con lágrimas fluyendo de mis ojos mientras sigo sangrando tinta en el papel y dejo media vida en él. Y así como en la droga pero sin profundizarlo, sigo escribiendo de noche en vez de pedir socorro.
He conocido personas que  mueven por dentro, esculpen sonrisas, y que por supuesto que me hacen rabiar, rabiar a esperanza en los ojos. He buscado brazos que me inspiren la confianza suficiente para poder quedarme en ellos o acudir a refugiarme en todos mis malos momentos.  Y que mal, que a veces por mucho que busca ni siquiera los encuentro...
Sigo siendo la misma cría que... que aspiraba a escalar montañas porque es capaz de emocionarse viendo el mundo desde arriba, ya estoy demasiado acostumbrada a caer y a comerme suelo. Y esta fue mi manera de escapar, cerrar los ojos y transportarme para poder ver el mundo de otra manera, para poder dejar de castigarme a mí misma.
Que soy la que por miedo más de una vez se debatió entre vida o muerte, pero siguió hacia delante porque su decisión en la vida es llevarse las ostias de frente, aunque eso sí, con un buen choque emocional, de esos que te rompen y te resquebrajan pero que por ti misma poco a poco acabas por reconstruir y volver a estar de una pieza.
Crecí y aprendí a perder para poder ganar, para poder tener noches de confesiones, para poder mirarme al espejo y aprender a sonreír al verme. Soy una guerrera , he sido capaz de sufrir, pero esconderme en la sonrisa para sufrir sola en silencio. Creo que he sido amenazada por balas y reventada por dentro una y otra vez, sinceramente, no me lo merecía, pero aguanté el tiroteo.
El dolor que se siente en el pecho cuando el corazón grita, sólo acaba en el momento en el que tú misma acabas por para la hemorragia, por calmar los gritos y superar el daño.

Y es que en la vida, hay que aprender a luchar contra el sistema, pero a veces también a volver a creer en ti mismo, cosa que a mi aún me queda en tareas pendientes y que algún día acabaré por resolver, porque sigo siendo una maldita cobarde.


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